Cómo está el tema
La emergencia alimentaria en Gaza ha entrado en una fase de mejora frágil. Una nueva evaluación de la Clasificación Integrada de Fases de Seguridad Alimentaria, publicada esta semana, es la primera desde que se declaró la hambruna en partes del territorio en agosto del año pasado en documentar avances medibles en lugar de un nuevo deterioro: la desnutrición aguda ha disminuido, y entre los niños ha vuelto a niveles que las normas internacionales consideran aceptables. La CIF atribuye el cambio a mayores envíos de ayuda y a la reducción de los combates tras el alto el fuego de octubre de 2025. No obstante, la magnitud de la necesidad sigue siendo enorme, con cerca de 1,2 millones de personas, o el 59 por ciento de la población, clasificadas como afectadas por inseguridad alimentaria aguda entre abril y junio.
La advertencia prospectiva del informe marca el giro más pronunciado en el énfasis. La CIF proyecta que el número de personas con inseguridad alimentaria aguda podría superar los 1,4 millones para fines de 2026, y vincula esa proyección no a una reanudación de las hostilidades, sino a la reducción del financiamiento humanitario y al estrechamiento del acceso, lo que significa que los avances registrados hasta ahora dependen de flujos que son en sí mismos inciertos. Una segunda advertencia se refiere al tipo de daño que ahora se está midiendo: el retraso en el crecimiento, que refleja una desnutrición crónica más que aguda y conlleva consecuencias a más largo plazo, se describe como algo que va en aumento incluso mientras mejoran los indicadores agudos. El tema se encuentra, por tanto, en un punto en el que la crisis inmediata se ha aliviado mientras las condiciones que la produjeron, y los recursos que la contienen, siguen sin resolverse.